LOS ABUELOS

LOS ABUELOS

Por Dra. Patricia García Mora 

Terapeuta Familiar en Supera

LOS ABUELOSUno de los privilegios del ser humano es ver su trascendencia a través de los nietos. Tenerlos es la oportunidad de estrenar una nueva forma de amor que renueva la etapa de los años maduros. De la misma manera que los jóvenes sólo pueden saber lo que es el amor a los hijos teniéndolos, las personas maduras sólo sabrán lo que significa el amor a los nietos hasta que ellos llegan a sus vidas.

Es una nueva oportunidad en la existencia de rescatar la capacidad de asombro y tener la alegría en las manos. Ningún niño ni adulto podrá juzgar como inconveniente a un abuelo que se muestra sorprendido al lado de su nieto al ver el sol o las estrellas; todo tipo de juegos y malabares se encuentran permitidos en el papel de quien es abuelo. La alegría puede desbordarse sin medida y se pueden emitir gritos de placer; se puede volver a jugar y rescatar aquellos juegos de la infancia para mostrarlos al niño, que encantado descubre los entretenimientos de su abuelo. Y tanto uno como el otro gozan; el primero por tener un compañero que de verdad sabe divertirse y el segundo porque rescata ese permiso escondido para hacerlo.

Ser abuelo es un papel que implica muchas funciones nuevas, jamás estrenadas. La de vivir pendiente del nieto es una función que le nace del alma, pero hay que ubicarla en su justa dimensión. Es importante recordar, que si bien ese pequeño ser es trascendencia de su propia vida, ya la responsabilidad de su formación no es algo de su competencia. Los padres son diferentes y los tiempos distintos a cuando tocó el tiempo de la crianza de los que hoy se estrenan en la experiencia de ser padres.

Conviene entender que ese niño que hoy le llama abuelo o abuela, será educado bajo las normas de una combinación de dos educaciones distintas; que si bien una le es conocida por pertenecer al hijo o hija a quien usted ha educado, de la otra no se tiene conocimiento alguno. Por ello, la función ya no es la de formar sino la de compartir lo sabido para que se tome o se deje en la educación del pequeño. La sabiduría adquirida a través de los años puede entregarse como un regalo a los hijos para que la tomen de guía o complemento en su labor educativa del hijo; y es bueno recordar que un regalo no se obliga a ser usado, simplemente se otorga.

Los hijos, que ahora son padres, se encuentran viviendo la misma historia que los abuelos vivieron décadas atrás. Se esfuerzan por encontrar las mejores formas para educar a sus hijos y logran muchos aciertos en esa tarea, así como también cometen muchos errores, al igual que a sus padres les sucedió en su tiempo. Ellos están aprendiendo a ser padres y les corresponde formar a sus propios hijos bajo las normas que ambos hayan decidido. A los abuelos les toca gozar de sus nietos, compartir conocimientos adquiridos y apoyar cuando sea necesario.

Para lograr esa tarea de una manera eficaz se requiere de energías renovadas y de un rescate de sí mismo como ser humano en una nueva etapa en la vida; por ello es importante tener siempre un espacio personal para desarrollar labores agradables, que llenen la estima y carguen de energía; buscar formas de actualizarse en temas para conversar y compartir con los hijos y para vivir en el mundo de los nietos; dar un modelo de vida plena a los hijos para que cuando les toque tener a sus nietos conozcan cuál es la función más adecuada.

Esos espacios es importante buscarlos, aún cuando les toque vivir la experiencia de cuidar a los nietos por largos momentos del día. En estos casos puede tentar al abuelo o abuela el asumir el papel de formador, porque tienen a sus nietos bajo el mismo techo. Es un papel conocido y ya experimentado, y de alguna manera ya se tienen cosechas de lo sembrado. Sin embargo, hay que cuidar de no caer es esa trampa. Los nietos no son  hijos y la responsabilidad de la formación corresponde a sus padres, aún cuando sus decisiones sean distintas a las practicadas en tiempos pasados. Además, la crianza de un hijo requiere de una energía especial, que viene en paralelo con el momento de la productividad. La energía de un abuelo es diferente a la de un padre; la responsabilidad muy distinta; y las formas de vivir la experiencia no son iguales. Por otra parte, los hijos están en su momento de aprender a ser padres y esa oportunidad no puede quitarla un abuelo o una abuela; además los niños tienen derecho a recibir ese amor sin responsabilidad de sus abuelos y gozarlos.

Lo anterior no significa que los abuelos tienen permiso de malcriar a los nietos, ni de mostrarse frente a éstos como aliados en contra de la autoridad de sus padres. Un abuelo o abuela puede mostrarse triste frente a un nietecito que vive una consecuencia de un comportamiento inadecuado, pero jamás sabotear que la viva, porque en lugar de ayudarle le daña. Puede tener sus propias reglas, mucho más flexibles que las que tienen los padres del niño, pero no contrarias. Incluso puede ser un aliado con el nieto en alguna pequeña travesura, pero nunca en acciones que vayan en contra de los objetivos de formación que han decidido los padres.

No es fácil ver que se educa a esos niños que tanto se aman de una manera distinta a como se piensa que debería ser; pero, es muy importante estar conscientes que se debe respetar con mayúsculas las decisiones de los padres y jamás hablarle a los nietos mal de sus progenitores ni cuestionar sus decisiones. Esas alianzas inocentes pueden acarrear graves problemas en la formación de los niños y en las relaciones familiares. No valen la pena. Si caso se observa que algo no es adecuado, lo único que conviene es, tal vez, comentarlo, pero en el entendido que lo dicho puede ser tomado en cuenta o no.

Disfrute de esta etapa nueva que tiene ahora oportunidad de vivir. Ser abuelo es renovar el amor de ser padre sin la carga de la educación del niño…y dese el permiso de volver a ser niño una vez más, como compañero de su nietecito. Ser abuelo es un regalo que la vida otorga a quienes ya cumplieron su misión de ser padres.