HOGARES RISUEÑOS

HOGARES RISUEÑOS

 Por Dra. Patricia García Mora 

Terapeuta Familiar en Supera 

HOGARES RISUEÑOSLa alegría es el mejor alimento del alma y cuando una pareja decide formar un hogar lo visualiza como un espacio de felicidad plena. Cuando la realidad se presenta, muchas veces se aleja de ese sueño y se empieza a vivir con resignación. En la actualidad las familias viven inmersas en una vorágine de actividad; los miembros entran y salen con el reloj en la mano, y vuelven de noche cansados olvidándose por completo del buen humor. No hay tiempo para ello. De esta manera las familias “viven” y se desarrollan en ambientes hostiles y faltos de humor, porque se piensa que la alegría no es algo que les tocó vivir. No han descubierto que ésta es algo que se conquista y por la cual se trabaja a diario.

Cuando la familia apenas se inicia y los hijos son pequeños, los padres experimentan una gran tensión por la educación de los hijos. Centrados en la formación de hábitos y maneras para formar niños “bien educados”, se olvidan que las bromas y risas también es algo que deben aprender a vivir. Indudablemente los niños necesitan de autoridad y disciplina, pero es importante aprovechar ese periodo sensitivo para hacer del buen humor una forma de vida y una manera de afrontar y resolver sus problemas de una manera positiva. Los niños se encuentran en la mejor época para reír de todo y hay que aprovechar esa espontánea alegría para reforzarla y hacerla permanente en sus vidas. Además entre más oportunidades tengan de sonreír e incluso reír a carcajadas durante su infancia, más hermosos recuerdos tendrán de cuando eran pequeños.

No hay mejor ambiente para educar que aquel en el que está presente el buen humor. La vida  que se toma demasiado en serio se torna triste y quienes así la viven se vuelven seres callados y con rostros poco amigables. ¿Qué tipo de papás tienen los niños de hoy? Es bueno analizar las respuestas. Puede ser un padre, o madre, cansados que llegan de su diaria labor a continuar con sus deberes domésticos o bien a descansar frente a un aparato de televisión; tal vez, un padre o madre tranquilos y aburridos que jamás sonríen; o quizá aquellos que piensan que reír demasiado es sinónimo de simpleza y poca seriedad; o peor aún, los que se mantienen de mal talante y piensan que les respetan porque no se acercan a ellos y les dejan en paz.

Después de la enorme responsabilidad que es el mantener un hogar, no es difícil que se presenten cualquiera de las anteriores actitudes, pero es indispensable saber que para ganarse el afecto de los hijos es necesario dejar afuera los problemas antes de entrar a casa. Estar de buen humor tal vez cueste al principio, pero una vez dentro de esta actitud, todo se vuelve muy gratificante. Hay que realizar un esfuerzo por sonreír, aunque a veces se haga difícil. Esto con el tiempo se volverá una costumbre y el buen humor será una característica personal.

Una de las grandes ventajas de estar de buen humor es el amor de los hijos. Ellos aman a quienes tienen tiempo no sólo para enseñarles, sino para divertirse con ellos. Por lo tanto, pueden buscarse las ocasiones que presta la vida normal para convertirlas en carcajadas, es decir, para reír con los hijos. Esta situación es fácil cuando los hijos son bebés. Se juega con ellos, se ríe, se manifiesta asombro por cosas cotidianas, con el afán de enseñarles, pero, con el pasar de los años se va olvidando esta forma de convivir. Muchos padres piensan que jugar con los hijos y gozar juntos de hacer “tonterías” provocará que ellos les pierdan el respeto. Esto es un grave error, el respeto no se pierde por reír y bromear juntos.

Como todo en la vida, las actitudes se modelan. El niño aprenderá que puede reírse cuando observe a sus padres que lo hacen entre ellos. Aprenderá a tener un buen sentido del humor cuando se dé cuenta que sus papás saben salpicar con sonrisas aún los momentos de mayor seriedad. Todo eso le dará la oportunidad de adquirir bases para una personalidad equilibrada y segura. Una sonrisa o un comentario de buen humor pueden cortar la tensión de un mal momento y dar otra dimensión a las cosas. Además, se dice que un ambiente risueño es propicio para la confianza y la confidencia. El humorismo permite tocar temas que en ocasiones se vuelven difíciles de abordar y ofrece salidas airosas en determinados momentos. ¡Muchas ventajas!

No se trata de estar siempre con la sonrisa en la boca ni desarrollar la agudeza mental para tener siempre un chiste a la mano; estas son dotes especiales, que si bien existen, no son necesarias para hacer de un hogar un sitio agradable para vivir. Tampoco se trata de confundir las risas y bromas con las burlas entre los miembros de la familia. Esto lastima y aleja. Ser alegre no significa ser burlón.

Otro dato importante es que la alegría va de la mano con el optimismo. Jamás un ser triste puede encontrar lo positivo de las cosas. De esta forma, siendo alegre se participa en la formación de caracteres alejados del negativismo. Asimismo, se sabe que el humor y el optimismo son factores que influyen de manera poderosa en el desarrollo de la inteligencia. Se da la agudeza mental; la creatividad despierta y se desborda la capacidad de disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas que la vida ofrece.

Con un buen sentido del humor en casa, se formará un hogar de seres risueños, inteligentes, disfrutadores, siempre abiertos a la convivencia y caracteres fuertes para afrontar las dificultades, dándoles su justa dimensión. Los hijos de un hogar así aprenderán que la vida no es sólo reírse a todas horas; que hay situaciones en las que es posible reírse y momentos para conversar con seriedad.

Una buena forma de introducir la alegría y el buen humor en el hogar es haciendo algo especial de vez en cuando, como una noche familiar. Puede ser que coman todos sentados en el piso mientras charlan, se cuentan anécdotas y chistes y hasta deciden dormir en colchones o sacos de dormir.

Pruebe cualquier cosa que rompa la rutina y propóngase hacer de su familia un hogar risueño y lleno de buen sentido del humor.